Todos los que me conocen sabrán lo mucho que me gusta la historia. Más que la historia, las anécdotas históricas. Así que he decidido contar algunas por aquí, conforme tenga tiempo para ello. Hoy voy a hablar de la primera gran civilización que pobló nuestra península: los Tartesos.
Antes que nada hay que decir que gracias a la cantidad de dinero que se gasta en investigación histórica en nuestro país, no se sabe donde estaba situada la capital de esta civilización, y si sospechamos que estaba cerca de la desembocadura del Guadalquivir es porque los escritores griegos de hace 25 siglos lo dejaron escrito en míticas leyendas. Lo más curioso es que todo estudiante sabe a cerca de los egipcios, los griegos, los fenicios... pero no sabe nada de los tartesos, y eso que fue una de las primeras civilizaciones de la península ibérica.
Fue uno de los pueblós más ricos y prósperos de la antigüedad, ya que prácticamente poseían el monopolio del comercio mundial (el Mediterráneo, vamos) de los metales más preciados de la época: oro, plata, cobre y estaño. Sin embargo, la gran amenaza para su prosperidad resultó ser otro metal: el hierro. Desde Asia Menor empezó a avanzar muy lentamente el hierro, imponiéndose al bronce por su mayor dureza. Cuando los tartesos quieren reaccionar explotando sus minas de hierro ya es tarde, pues casi todos ya poseen minas de donde sacar hierro, mientras que casi nadie tenía minas de cobre y estaño. Es la primera lección que se recibe en la Península: si se hubiera investigado... (parece que hay cosas que nunca cambian)
Y para terminar, a pesar de que no se conoce donde pudo estar situada Tarsis, su capital, sí que se encuentran restos de otras de sus ciudades, como Onuba (Huelva) y Gades (Cádiz)

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